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Centenares de palestinos se han concentrado en la línea que separa el territorio sirio del ocupado por Israel en el Golán. Coincidiendo con el aniversario de la guerra de 1967 han intentado saltar las barreras, como hicieron, al precio de 13 muertos, el pasado 15 de mayo, aniversario de la guerra de 1948. Esta vez los soldados israelíes han disparado contra la pequeña multitud antes de que se acercara a la línea divisoria. Según la televisión siria, han muerto seis palestinos.

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Patrullando ante los Altos del Golán

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Unos soldados israelíes montan guardia en la frontera de los Altos del Golán, el día de la celebración de la jornada de la Naksa, que conmemora la derrota árabe en la Guerra de los Seis Días de 1967.- REUTERS/ RONEN ZVULUN

Israel

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Capital:
Tel Aviv.
Gobierno:
Democracia Parlamentaria.
Población:
7,112,359 (est. 2008)

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La conmemoración palestina de la “naksa” (retroceso), la pérdida de Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza tras la guerra de 1967, ha sido muy parecida a la de la “nakba” (catástrofe), el exilio masivo tras la guerra de 1948. De nuevo se ha utilizado como modelo la protesta pacífica que caracteriza las revueltas árabes: la idea consiste en forzar los disparos israelíes, para recordar al mundo, con un puñado de cadáveres, que el conflicto seguía vivo y sin perspectivas de solución.

Además de la escaramuza fronteriza protagonizada por palestinos refugiados en Siria, unas 100 personas han marchado hacia el puesto de control de Qalandiya, a medio camino entre Ramala (capital administrativa de la Autoridad Palestina) y Jerusalén. En Qalandiya, los manifestantes han sido dispersados con balas de goma, gases lacrimógenos y líquido pestilente sin que se registraran víctimas mortales. Ha habido al menos dos docenas de heridos entre los participantes en la protesta.

Resulta bastante obvio que los incidentes en el Golán, un territorio sirio ocupado por Israel desde 1967, han gozado del patrocinio del Gobierno de Damasco. Las tropas fronterizas sirias no sólo han permitido el paso de los palestinos, sino que han facilitado autocares y han cavado una trinchera a unos 20 metros de la barrera para que se protegieran frente a los disparos israelíes.

El régimen sirio no se ha atrevido desde la guerra de 1973 a arriesgar un solo soldado para recuperar el Golán, pese a autoproclamarse campeón de la resistencia antisionista, y prefiere utilizar “delegados” para hostigar a Israel: Hezbolá en Líbano, Hamás en los territorios ocupados. Ahora delega en grupos de refugiados palestinos. Benyamin Netanyahu acusó al presidente de Siria, Bachar el Asad, de utilizar la tragedia palestina para apartar la atención mundial de las matanzas cotidianas que perpetraba contra su propia población. En este caso parecía probable que Netanyahu tuviera razón.

En Líbano, tanto la milicia chií Hezbolá como el Gobierno provisional (enemigo de la milicia) han considerado que no valía la pena derramar más sangre en la frontera y han establecido una zona militarizada a la que no han podido acceder los manifestantes palestinos.

Netanyahu ha advertido previamente de que sus tropas no permitirían una invasión, por breve y pacífica que fuera, como la registrada el pasado 15 de mayo con motivo de la conmemoración de la “nakba”. “He dado órdenes a nuestras fuerzas de seguridad para que actúen con determinación y mesura a la hora de proteger nuestra soberanía, nuestras ciudades y nuestros ciudadanos”, ha dicho por la mañana el primer ministro israelí antes del habitual Consejo de Ministros de los domingos.

Hacia mediodía, cuando los manifestantes palestinos se han acercado a la barrera divisoria, los soldados israelíes han lanzado avisos en árabe: “Quien intente cruzar la frontera morirá”. Oficialmente, las órdenes consistían en disparar a las piernas. Como en otras ocasiones, la trayectoria de los disparos ha resultado en general algo más elevada.

El Gobierno israelí teme que la previsible decepción de septiembre próximo, el mes que por razones diversas los palestinos habían establecido como punto de arranque de un Estado independiente, fomente la organización de marchas masivas hacia los puestos fronterizos. Eso obligaría al Ejército de Israel a perpetrar grandes matanzas de personas desarmadas y empeoraría sustancialmente su imagen internacional.